Nuestras historias
"El estresador de animales" - Raúl Zevallos
Hoy, mientras corría por el sendero de una quebrada marrón y rocosa, bajo el sol ardiente del Balneario de Punta Sal, me encontré con la máxima certeza de que soy un “estresador de animales”.
Fue mientras corría por aquella quebrada, esquivando cuarteadas brechas y afiladas espinas, que noté el caos creado por mi jadeante presencia hacia los animales de la zona. Observé escurridizas lagartijas corriendo enloquecidas, algunas lanzándose por la pendiente, otras, totalmente atormentadas por mi presencia, huyendo desde sus guaridas sombrías hacia direcciones inexactas. Al darme cuenta de mis efectos, me detuve por algunos segundos en aquel agreste lugar, bajo el curvado planear de los oscuros gallinazos en las alturas de aquel despejado cielo azulado de enero, sintiéndome intensamente culpable por el caos causado, por la paz quebrantada en aquel balanceado hábitat.
Desde aquel día tuve conciencia de mi verdadera identidad, pues noté que no solo estresaba a los indefensos animales olvidados de la quebrada, sino que por todos lados molestaba a los pobres animales del mundo. Sucedía al correr por la orilla del mar cruzando entre aquella multitud de cangrejos naranjas de siempre, de todas las tardes y mañanas, que reposan apacibles, casi inmóviles bajo la brisa del mar, aquellos mismos que enloquecen al sentir de lejos mis pisadas vibrantes, corriendo desesperadamente por sus vidas, ¡hacia un lado!, ¡hacia el otro! buscando ansiosamente una guarida donde salvarse y prevalecer. Sin mí reposan en su peñasco, descansan en la orilla húmeda y brillante. Al sentirme saltan, se alejan, se cruzan entre sí. Se chocan y sin querer piso sus hoyos en la arena. Mi presencia aturde su existencia y pienso: “¡Soy un estresador de animales!, nadie puede decir lo contrario”.
Al notar que mi anhelo por hacer deporte quebrantaba la paz de los animales salvajes de la zona, sonreí mordazmente. Pensé en el ambientalismo y sus relativos conceptos sobre el estrés hacia los animales, en los miembros del Green Peace y sus intensas preocupaciones por el hermoso delfín, la maravillosa ballena, el magnífico tiburón. Pensé también en la olvidada lagartija desesperada, deslizándose desenfrenadamente hacia la pendiente marrón, en los pobres cangrejos asustados en la orilla húmeda y el impulso angustiado de los pelicanos.
En el ocaso del día, cuando el naranja del cielo se hunde por el horizonte, inicio el nado en aguas abiertas mientras esfumo de mi mente todas mis anteriores reflexiones. Nado como envuelto en una concentración profunda cuando de pronto advierto que mi presencia ahuyenta a los peces que merodean en las rocas bajo el verde mar. Al verme, de un violento impulso, se sumergen en cuevas oscuras mientras regresan a mi aquellos pensamientos de antes, aquella preocupación olvidada hacia otros seres menos populares que el delfín y la ballena. De pronto la oscuridad de la noche se asoma a lo lejos mientras enrumbo hacia la orilla. En el camino noto una cantidad incontable de partículas fosforescentes cubriendo mi traje de nado, apareciendo como ráfagas deslumbrantes ante cada braseo por debajo del mar. Observo al brillante plancton iluminándome en la ruta, envolviendo mi oscuro traje y chocando ante la luna de mí mascara y me pierdo en aquel momento por algunos segundos, inmerso en ráfagas y destellos, hasta que de pronto, muy cerca de orilla me detengo de golpe y me pregunto: ¿estaré estresando también al plancton fosforescente que se pega a mi traje de nado? ¿Mis violentas brazadas aturdirán su errante navegación?
"Creación del Area Marina Protegida "Mar Tropical de Grau" - Juan Pablo Testino Samanez
Una de las cosas que más le agradezco a mi padre es haberme mostrado desde muy niño las riquezas del mar norteño, así como alertarme sobre su cuidado. Con apenas 8 años y solamente utilizando una pequeña caña deportiva, me enseñó a capturar robalos de hasta 10 kg.
Recuerdo haberme sentido maravillado por la abundancia marina; siendo un mocoso aprendiz de la pesca, pude capturar tremendos ejemplares al frente de mi casa… ¡en la misma orilla!
Mi papá me hablaba de la urgencia de proteger el mar norteño.
Me contaba lo que había visto hace más de 20 años, las primeras veces que había visitado Punta Sal, cuando las corvinas salían en cantidad, el pez Sierra aún no desaparecía y la sardina era cosa de todos los días.
¿Por qué la debacle de la pesca? Existían muchos factores, pero había uno que le preocupaba mucho más que todos:
Me señalaba las naves arrastreras; a primera vista, inofensivos barquitos pescando en altamar. Lo que causaba daño era la enorme bolsa que jalaban bajo el mar, arrastrando todo a su paso: grande, mediano o pequeño. Larva, pez o mamífero, liquidándolo todo sin ningún reparo.
Pese a que esta modalidad está prohibida en las primeras 5 millas, es una práctica que se realiza diariamente en las narices de la sociedad. Tal vez por lo mismo que parecen solo barquitos inofensivos y parecen ser menos nocivos que otras amenazas al ecosistema, más visibles como el plástico o los derrames de petróleo.
Asimismo, me enseñó a diferenciar estas prácticas, terriblemente dañinas para el ecosistema, con las de la pesca artesanal, que usa aparejos mucho más selectivos, minimizando así el impacto en la naturaleza.
Ya de adulto, cuando decidí tomar la caña de pesca y retomar las jornadas en la orilla, pasé semanas sin tener un solo pique y después de un par de meses tan solo había podido pescar uno que otro cometrapo… Pero con el robalo… ¡nada!
Aquel mítico pez de las orillas que, tanto por la calidad de su carne como por la fiereza de su pelea, es el trofeo más preciado de los pescadores de orilla. Si bien hasta el día de hoy, esporádicamente se reporta una que otra captura, estas son a cuentagotas y la pesca deportiva no es ni la sombra de lo que alguna vez fue.
Por otro lado, durante mi rutina de natación en aguas abiertas, donde antes veía cherelas y abundantes pámpanos merodeando el roquerío de Punta Sal, con resignación ahora compruebo que los arrecifes se limitan en su mayoría a rocas casi “peladas”, con pescaditos de colores, peces globo y lisas, todos recursos con poco o nulo valor comercial.
Ya estamos en 2025 y aún recuerdo a mi padre cada vez que veo las mismas naves arrastreras que él me señalaba cuando era niño, devastando todo a su paso.
Las zonas delimitadas dentro del Área de Conservación Regional Mar Tropical de Grau, oficialmente creada el año pasado, son de las pocas regiones en el mundo donde convergen el wahoo con el tiburón ballena, los merlines y la jorobada, la mantarraya y el mero murique, entre otras emblemáticas especies de la zona.
Como país, somos afortunados de tener una maravilla natural tan única. Y si bien esta reserva ya es una realidad, el gran reto que tenemos por delante es su implementación efectiva: seguridad, vigilancia constante y acciones concretas a cargo de la Marina de Guerra del Perú, en conjunto con SERNANP, IMARPE y, sobre todo, con el ojo vigilante de la sociedad.
Solo así habrá esperanza de que el ecosistema se recupere y las generaciones venideras puedan seguir disfrutando sosteniblemente este espacio que tenemos el orgullo de albergar.
Orcas en el Peru - Juan Pablo Testino Samanez
Una excelente noticia para la investigación marina en nuestro país: la prestigiosa revista Pacific Science aceptó el manuscrito que desde hace un tiempo venimos elaborando junto a varios colaboradores.
Todo comenzó una mañana de setiembre del 2016 mientras nos preparábamos para un paseo turístico más con North Shore Peru Expeditions. Todo transcurría como de costumbre hasta que, de pronto, sucedió algo que nunca antes habíamos visto: una orca hizo su aparición en el mar de Punta Sal.
Desde lejos la reconocimos por su imponente aleta dorsal, y cuando se acercaba nos dimos cuenta de que estaba persiguiendo y atacando a un ballenato, que a su vez era defendido con fiereza por su madre, una inmensa ballena jorobada.
Cada vez que la orca arremetía contra la pequeña ballena, la madre se interponía entre ellos y trataba de protegerla con su cola. Fue un momento tan salvaje y espectacular que jamás se podrá borrar de mi memoria.
A raíz de ese avistamiento, junto a Adriana Gonzales —bióloga peruana radicada en Australia— nos propusimos elaborar un manuscrito científico para conocer un poco más sobre la presencia de estos animales en el Perú. Al inicio era un artículo muy simple, pero poco a poco se sumaron otros coautores, datos y referencias de orcas avistadas en las últimas décadas.
Aprendimos —por ejemplo— sobre las "marcas rastrillo", que son huellas de dientes de orcas marcados en las aletas de las ballenas.
Gracias al esfuerzo conjunto de Adriana, los biólogos Andrea Petit, Aldo Pacheco e instituciones como Pacífico Adventures y ProDelphinus —entre otros colaboradores— se logró analizar cerca de 800 aletas caudales, de las cuales cerca del 20% tenían estas marcas en sus colas.
Es decir: de cada 5 ballenas analizadas, 1 habría sobrevivido al ataque de las orcas.
Esto despierta nuestro interés y nos motiva a preguntarnos muchas más cosas…
¿Tendremos orcas residentes en el Perú que se especializan en cazar ballenas y lobos?
¿Cuántas ballenas jorobadas habrán muerto por el ataque del llamado “delfín asesino”?
¿En los próximos años los avistamientos de orcas en nuestro mar se harán más frecuentes?
Durante estos años hemos aprendido mucho más sobre las orcas. Hoy sabemos que están en aguas peruanas desde tiempos prehispánicos.
Esto lo demuestran las propias Líneas de Nasca, donde una orca aparece claramente simbolizada, y también los huacos mochicas, que las retratan en cerámica como un animal poderoso y sagrado.
Y si bien la historia nos habla de su presencia ancestral, la evidencia más alarmante la tenemos hoy mismo:
**en los últimos años hemos visto muchas crías de ballena con cicatrices, algunas MUY recientes…
y eso solo quiere decir una cosa:
¡LA ORCA ANDA CERCA!
De la Temible Tintorera al turismo con tiburones ballena - Juan Pablo Testino Samanez
Desde niño, en mis primeras conversaciones con pescadores del norte siempre escuché nombrar a la "Tintorera" como el animal más temible del océano. Incluso se le relacionaba con la desaparición de muchos hombres de mar. " Se lo comió la Tintorera" era la hipótesis más escuchada cuando alguien no regresaba al muelle…
Con los años me di cuenta que a lo que los pescadores norteños llamaban Tintorera era nada menos que el Tiburón Ballena, un gigantesco pez que - a pesar de su temible apariencia- es totalmente inofensivo. Entrando a "youtube" pude ver como en otros destinos como Cancún ó Filipinas los viajeros pagaban cientos de dólares por nadar al lado de éstos enormes peces ( considerados los más grandes del mundo) Y resulta que, mientras los pescadores de Cancas huían aterrados cuando veían esa imponente aleta dorsal, en otros lugares ésta especie era fuente de riqueza y prosperidad para sus habitantes.
¡ Justamente Cancas ! la olvidada villa de pescadores que 20 años después sigue viviendo en un atraso que se agudiza año a año pues el recurso histórico ( la Pesca) ya se Agotó! Es en éste escenario que los pescadores encuentran en el Turismo Náutico una alternativa sostenible para seguir haciéndose a la mar.
North Shore Peru Expeditions seguirá articulando esfuerzos entre el gobierno local, la empresa privada y la sociedad en su conjunto para seguir contribuyendo al desarrollo de ésta región, se agradece a todas las partes y esperamos el apoyo!
De la Temible Tintorera al turismo con tiburones ballena - Juan Pablo Testino Samanez
Desde niño, en mis primeras conversaciones con pescadores del norte siempre escuché nombrar a la "Tintorera" como el animal más temible del océano. Incluso se le relacionaba con la desaparición de muchos hombres de mar. " Se lo comió la Tintorera" era la hipótesis más escuchada cuando alguien no regresaba al muelle…
Con los años me di cuenta que a lo que los pescadores norteños llamaban Tintorera era nada menos que el Tiburón Ballena, un gigantesco pez que - a pesar de su temible apariencia- es totalmente inofensivo. Entrando a "youtube" pude ver como en otros destinos como Cancún ó Filipinas los viajeros pagaban cientos de dólares por nadar al lado de éstos enormes peces ( considerados los más grandes del mundo) Y resulta que, mientras los pescadores de Cancas huían aterrados cuando veían esa imponente aleta dorsal, en otros lugares ésta especie era fuente de riqueza y prosperidad para sus habitantes.
¡ Justamente Cancas ! la olvidada villa de pescadores que 20 años después sigue viviendo en un atraso que se agudiza año a año pues el recurso histórico ( la Pesca) ya se Agotó! Es en éste escenario que los pescadores encuentran en el Turismo Náutico una alternativa sostenible para seguir haciéndose a la mar.
North Shore Peru Expeditions seguirá articulando esfuerzos entre el gobierno local, la empresa privada y la sociedad en su conjunto para seguir contribuyendo al desarrollo de ésta región, se agradece a todas las partes y esperamos el apoyo!
Mi primer robalo - Raúl Zevallos Cieza
Después de 45 minutos y casi cien lanzamientos, y cuando la paciencia empezaba a darme la espalda, ¡ZAS!, sentí un poderoso jalón que hizo que la caña tomara una forma exageradamente curva.
Logré ver al bicho saltar hacia el cielo revelando fugazmente su identidad. ¡Era un Robalo! Le reconocí por su característica línea negra que le delinea la mayor parte del cuerpo, la cuál se veía cada vez que saltaba, realizando una agresiva contorsión, aquel famoso “cabeceo” del Robalo, ese fuerte impulso por escapar y sobrevivir, esa lucha del pez por desaferrarse del anzuelo moviendo bruscamente la cabeza de un lado a otro Con mucho esfuerzo, finalmente logré sacar hasta la orilla aquel legendario pez norteño del cuál tanto había escuchado. ¡Mi primer Robalo!
En aquel momento los aplausos de los curiosos que se habían acercado a ver tremendo espectáculo me regresaron de algún lugar lejano, donde solo había existido yo, el animal y una ardua lucha en las orillas del mar de Punta Sal. Ahora me encontraba rodeado de gente, cámaras, felicitaciones Raúl, ¡que buen bicho!, ¿Cómo lo pescaste? ¡Qué tal pescado! ¡Buena Raúl!, dejádme tomarle una foto!
Triatlón Punta Sal - Raúl Zevallos Cieza
El sonido de partida resonó alarmante. Fue un comienzo alborotado donde muchos triatletas nadaban a mi lado exaltados, uno tras otro, fijando su posición en el mar. Agobiado por aquella partida, decido alejarme de aquella desenfrenada masa de competidores, desacelerando mi ritmo de nado, situándome casi entre los últimos participantes de la triatlón. La visibilidad del mar es tal que uno puede vislumbrar sin esfuerzo las largas franjas de rocas en el fondo, la fauna y flora subacuática, deslumbrante; el misterioso mundo de rocas envueltas de amenazantes picos de loro y pequeñas cuevas donde residen pulpos, morenas y langostas. Veo pequeños meros que emergen de ocultas cuevas e ingresan en otras, veo morados corales, veo un par de tortugas verdes que por poco y arrebatan mi atención alejándome de la competencia.
De pronto me encuentro en el tramo final.
Sigo braseando, trago mezclas de aire y agua, pataleo desenfrenadamente y observo a los triatletas adelantándome y a los que airoso, yo mismo aventajaba. Cuando de pronto percibo, muy cerca de mí, un sonido cautivador, resonante, sumamente intimidante. ¿De dónde provenía? ¿Será mi imaginación? Nuevamente aquel sonido conmovedor ¡Un soplido, luego otro más! ¡Definitivamente una ballena aproximándose!
La jorobada navegaba muy cerca, su soplido se escuchaba vibrante a mi lado pero, ¿Dónde? Sorpresivamente, luego de percibir aquel soplido, me vi envuelto en un ambiente totalmente calmado, en medio de un silencio sepulcral admirable.
Con la mente aún aturdida por aquella aparición cetácea,tomo la bicicleta y enrumbo hacia la sofocante quebrada. Al adentrar en ella, se siente un calor chocante en el rostro. Los animales de aquel bochornoso lugar escapan enloquecidos al sentir nuestra presencia estremeciendo sus guaridas, alarmando su hábitat salvaje. Huyen despavoridas camufladas lagartijas, provenientes de escondites secretos.
Apresuro el pedaleo para llegar a la playa y dejar en el olvido aquella asfixiante quebrada de oscuros gallinazos vigilantes. A estas alturas de la triatlón me encuentro totalmente desconcertado por los recuerdos que hace poco...... Necesitaba un tiempo para detenerme y asimilar todo lo antes visto. En mi mente aparecían y desaparecían las visiones de la ballena jorobada con su cría navegando a mi lado, las tortugas en su estado letárgico, los coloridos pececillos errantes, los cientos de triatletas aventajándome una y otra vez, las lagartijas, el sonido de las ramas crujientes al ser embestidas por las ruedas de la bicicleta, el corazón explotando del pecho, la respiración exhortando un suspiro, un descanso, un momento para amoldar todo lo vivido.. Pero aun debía proseguir, no era tiempo para aquel tipo de divagaciones, apreté fuerte los nudos de mis zapatillas y emprendí, vigoroso, los 8 kilómetros de carrera por la orilla de Canoas de Punta Sal.